MEIPIAN | El retrato coreano de la artista Kim Hyun Jung: la belleza interior – el descanso perfecto tras una comida en solitario
Entrega titulada «Naesoong: el descanso perfecto sobre una comida en solitario», de la serie de columnas «El retrato de Corea» de la pintora coreana Kim Hyun Jung, que a través de la obra 〈Naesoong: La mesa perfecta〉 habla del cansancio y del descanso incompleto que se esconden detrás de la cultura de comer solo. Se ha comprobado que esta columna fue distribuida y reproducida en más de cincuenta medios extranjeros; el texto corresponde al original del comunicado de prensa difundido a los medios chinos (verificado en la copia de seguridad del blog de la artista).
Ver el texto completo
La sociedad coreana actual predica sin descanso el «arte de comer bien y vivir bien por tu cuenta». Las empresas hablan del equilibrio entre trabajo y vida personal de cada individuo; los medios presentan el comer y el beber en solitario como el estilo de vida de una nueva era. Detrás de ello, sin embargo, hay cuerpos y ánimos agotados. Comer solo, más que libertad, es también la sombra de una estructura laboral que no concede ni el margen necesario para compartir una comida con otros. Abundan las exhortaciones a cuidarse a uno mismo, pero el tiempo y el dinero que hacen posible ese cuidado se trasladan a la cuenta del individuo. Lo que agarran las personas exhaustas no es un balneario caro, sino la pantalla de una aplicación de comida a domicilio. Me incomoda esa contradicción de una sociedad que dice «ámate a ti mismo» mientras, en la práctica, reduce incluso el descanso mínimo a una cuestión de capacidad personal de autogestión.
Kim Hyun Jung, 〈Naesoong: La mesa perfecta〉 —Naesoong (noción coreana que designa el gesto de ocultar los verdaderos sentimientos tras las apariencias)—, 130 x 162 cm, tinta y aguada sobre papel hanji, collage
El núcleo de este cuadro es la caja de reparto. Esa caja de un solo uso deja al descubierto la provisionalidad y la improvisación de nuestra vida. Como el montón de cartón que hoy se apila ante la puerta y mañana ya ha desaparecido, nuestro descanso se asienta siempre sobre una solución de emergencia. Volver a casa después de hacer horas extra y comer, ya de noche, pensando en la mañana siguiente. No es una mesa preparada para la familia, sino una combinación de platos elegidos para recomponer a duras penas un cuerpo agotado. La salsa negra del jajangmyeon y el brillo grasiento del tangsuyuk quedan lejos de las virtudes de la salud y la moderación, pero esta comida es, sin duda, un pequeño ritual que confirma que uno sigue vivo. La pantalla del móvil, con sus vídeos cortos reproduciéndose en bucle, tiembla sin parar como la señal de una mente que quiere dejar de pensar. Aquí la perfección no significa equilibrio de sabor y nutrientes, sino ese vacío mental en el que, aunque solo sea un momento, no hace falta juzgar nada.