Korea Foundation for the Advancement of Science and Creativity | Personalidad de la semana de donación educativa «cultura tradicional» de la Korea Foundation for the Advancement of Science and Creativity
Vídeo de entrevista a la artista Kim Hyun Jung producido por la Korea Foundation for the Advancement of Science and Creativity con motivo de la semana de donación educativa dedicada a la «cultura tradicional», en febrero de 2016.
Ver el texto completo
Hola, soy Kim Hyun Jung, pintora coreana que trabaja sobre el tema del «Naesoong (noción coreana que designa el gesto de ocultar los verdaderos sentimientos tras las apariencias)».
Pinto desde muy pequeña. Me gradué en la Escuela Secundaria de Arte Sunhwa y en el Bachillerato Artístico Sunhwa, y en la Universidad Nacional de Seúl cursé la doble titulación de Pintura Oriental y Administración de Empresas. En febrero del año pasado terminé además el máster en el posgrado de Pintura Oriental de la Universidad Nacional de Seúl, así que ahora pueden considerar que me dedico a la pintura oriental.
«Historias de Naesoong» empezó en mi segundo año de universidad. Pero, cuando veo los cuadros que pintaba en el bachillerato, siempre había en ellos elementos coreanos, como el hanbok o los motivos dancheong. Así que, en cierto modo, creo que el comienzo se remonta a la época del bachillerato. De pequeña, cuando salía al extranjero, era entonces cuando veía Corea. Cosas que en Corea damos por sentadas, como los puestos de tteokbokki o los hotteok, no existen fuera y no dejas de pensar en ellas. Por eso, al intentar definir «qué es Corea», pensé que Corea era justamente aquello que te viene a la cabeza cuando estás de viaje, y con esos motivos apareció el personaje de «Naesoong».
Cuando empecé a pintar un cuadro tras otro, hubo un motivo concreto que me llevó a hacer muchas actividades vestida de hanbok. Una vez dibujé mal un hanbok y vino una maestra artesana del hanbok a decirme: «¿No has dibujado mal esta parte?». Me dio muchísima vergüenza. Yo había usado el hanbok solo como motivo, sin intentar conocerlo más a fondo. Así que pensé: «si hago mi vida diaria vestida de hanbok, se me ocurrirán más ideas y sabré mejor qué resulta incómodo y qué resulta cómodo», y empecé a vivir con hanbok. Pueden ver «Historias de Naesoong» como el resultado en el que se recogen todas esas experiencias de mi infancia.
Yo iba a una academia de arte especializada (un taller) desde primero de primaria. Mi hermana, tres años mayor, iba al taller porque quería entrar en el instituto de arte, y yo empecé a ir porque quería seguirla: eso fue lo que lo desencadenó. Después de más de veinte años pintando, llegué con naturalidad a la secundaria y al bachillerato artísticos.
El plan de estudios del bachillerato artístico te permite, en primero, probar en detalle cada especialidad —pintura oriental, pintura occidental, escultura, diseño— y elegir después la tuya. Entonces hice pintura oriental por primera vez y me pareció muy divertida. Después de diez años usando solo materiales de la pintura occidental, como ceras o acuarelas, tocar un material nuevo me resultó refrescante, y mi hermana también había estudiado pintura oriental. Así que creo que el hecho de especializarme en arte empezó en el entorno familiar y, dejándome llevar por la vida escolar, acabó llevándome hasta la especialidad de pintura oriental.
En realidad, sobre los términos «pintura oriental» y «pintura coreana» hay tanto debate en el ámbito académico acerca de cuál usar que es difícil decir que uno sea correcto y el otro no. Solo que, como sugieren las palabras, parece que se llama pintura oriental a la que abarca todo Oriente y pintura coreana a la que se produce de forma específica en Corea. Hoy las fronteras entre disciplinas se han diluido mucho y en muchos casos es difícil distinguir por los materiales o los motivos a qué ámbito pertenece un artista. Con todo, si lo explico de forma más sencilla, se puede hablar de un artista de pintura oriental o de pintura occidental según los materiales, la mentalidad del artista y el departamento en el que se formó.
Al oír «pintura oriental» se suele pensar en los «cuatro caballeros» (ciruelo, orquídea, crisantemo y bambú), pero en la pintura oriental contemporánea la diferencia se reduce más o menos a usar tinta y pigmentos de pintura oriental, y el resultado no difiere tanto de la pintura occidental. Por eso hay quien dice que, en el mundo de los pintores de hoy, separar pintura oriental de pintura occidental resulta algo anticuado, pero yo utilizo siempre la denominación «pintora coreana». Aunque también hago obra tridimensional y trabajos de vídeo, es porque quiero preservar mis raíces y mi eje principal. Como pintores coreanos representativos, piensen en Shin Yun-bok o Kim Hong-do.
Cuando ven mis cuadros, todos se sorprenden y dicen: «¡pero la pintura oriental tiene color!». En realidad, los cuadros de Kim Hong-do o de Shin Yun-bok también están coloreados de forma tenue. Eso se llama sumukdamchae, tinta con color ligero. Se nos enseña que la tradición coreana es la tradición del sumukdamchae: la pintura china se basa algo más en la tinta y la japonesa, en el color. Corea, situada geográficamente entre China y Japón, puede verse como el punto intermedio. Por eso la pintura coreana se caracteriza por una tinta y un color claros y transparentes. A mí también, cuando de niña mi profesor me mostró una pintura sumukdamchae, me atrajo esa transparencia, y el aroma peculiar de la tinta me gustaba muchísimo.
Al margen de esto, igual que el Departamento de Historia de Corea de la Universidad Nacional de Seúl está al máximo nivel del mundo, pensé que, si me dedicaba a la pintura coreana, podría llegar a ser la mejor del mundo sin necesidad de estudiar en el extranjero. Había oído muchas veces que, en las disciplinas que empezaron antes en otros países, resulta difícil alcanzar a los nativos de esa tierra. Y, si en el arte contemporáneo no es tan importante qué material se use, pensé que lo correcto era dedicarme a lo nuestro, y así elegí la pintura coreana. Entre los pintores coreanos representativos, también les resultará interesante buscar al artista Son Dong-hyun, que pinta iconos de la cultura popular como Batman, Shrek o Michael Jackson con la técnica del retrato real de los reyes.
Trabajo bajo el nombre de «serie Naesoong» y he ido encadenando exposiciones con subtítulos como «Historias de Naesoong», «Olimpiadas de Naesoong», «Parque de atracciones de Naesoong» o «Historias de invierno de Naesoong». Al oír la palabra «naesoong» suele venir a la cabeza esa imagen de «la que tiene hambre en una cita con un chico pero finge comer poco», pero el «naesoong» de mis cuadros tiene un sentido más amplio. Tomo como motivo esos momentos, presentes en cualquier persona que forme parte de la sociedad, sin importar el género, en los que se quiere causar buena impresión o se actúa de un modo distinto por fuera y por dentro. La verdad es que creo que «la mirada» sería una expresión más exacta como tema, pero entonces resultaría demasiado solemne. Lo que más valoro cuando pinto es la diversión, el ingenio. Como lo más importante para mí era que hubiera elementos satíricos y burlescos y que, además, resultara divertido, acabé usando el nombre «serie Naesoong».
Todos los personajes de mis «Historias de Naesoong» son autorretratos. Hay varias razones: como empecé a pintar siendo estudiante, me costaba pagar a modelos, y la modelo a la que podía observar veinticuatro horas al día era yo misma, así que empecé con autorretratos. Además, había también un propósito de sanarme a mí misma. Al principio tenía cierta depresión, y pintar me ayudó a curarme. Mi vida diaria es el motivo, así que pueden ver mis cuadros como un diario ilustrado. Por eso, cuando me presento, suelo mostrar los cuadros uno a uno y explicar: «yo soy alguien a quien le gustan las hamburguesas, el jajangmyeon y también ir de compras». No hay presentación personal más potente que un cuadro.
Soy alguien que está experimentando en carne propia aquello de «lo más coreano es lo más universal». Lo había oído desde niña y me parecía algo tópico, pero al probarlo directamente con extranjeros vi que no hay nada tan competitivo. Normalmente no somos conscientes del valor de lo que tenemos cerca; solo cuando nos alejamos de ello lo apreciamos. Por eso el viaje resulta atractivo: cuando viajas piensas en casa y cuando estás en casa piensas en viajar; igualmente, lo que aparece cuando te alejas de ti misma es precisamente el «yo», y eso es lo que las generaciones futuras acabarán llamando «tradición».
Me gustaría que sintieran el valor de lo que tienen alrededor y que no se limitaran a seguir lo que la sociedad considera bueno, sino que reflexionaran mucho sobre qué es lo que de verdad les gusta. Y también que hicieran caso a sus padres: no hay nadie más que te quiera tanto y piense tanto en ti. La verdad es que yo no era la primera de mi promoción, sino la alumna que siempre recibía el premio por asistencia perfecta, y creo que lo que hacía cada día con constancia es lo que hoy me da fuerza. Espero de corazón que sientan la satisfacción que se obtiene al hacer algo con constancia.