Allure | Pintar el naesoong
Allure entrevistó a la pintora coreana Kim Hyun Jung para adentrarse en el universo y la filosofía de trabajo de su serie «Naesoong». La artista, que ha construido un sólido grupo de seguidores con su individual por invitación en el Museo Metropolitano de Nueva York y con la exposición «El parque de atracciones de Naesoong», explicó por qué representa transparente la falda del hanbok, por qué se pinta a sí misma, su doble titulación en Administración de Empresas, la divulgación del arte mediante el «social drawing» y sus planes de trabajo.
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Pintar el naesoong
Es la primera pintora coreana que arrastra a un club de fans. Sus cuadros descarados, la «serie Naesoong», reciben ya elogios unánimes no solo en Corea, sino también en galerías de primera línea mundial. Kim Hyun Jung, la pintora que ha demostrado que la pintura coreana puede ser perfectamente divertida y popular, es igual de lista.
Hanbok de Park Sul-nyeo; zapatos de tacón de satén, MIU MIU.
Una mujer que, con un hanbok elegante, se pone en cuclillas para cocer y comer ramyeon en un hornillo portátil, o que monta en moto con las piernas bien abiertas dentro de los pliegues de la falda. Esas posturas descaradas, que se ven perfectamente a través de la falda transparente del hanbok, reflejan nuestra propia manera de aparentar que sabemos y que tenemos.
Sus cuadros producen un placer liberador, como si hubiéramos sacado y contado por fin ese rincón mezquino que guardábamos escondido en el corazón. Así es: la pintura de Kim Hyun Jung es sumamente contemporánea y lista. Es la artista más joven que ha hecho una individual por invitación en el Museo Metropolitano de Nueva York y ha expuesto por invitación en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo, y ha construido un club de seguidores tan sólido que a su exposición «El parque de atracciones de Naesoong», celebrada en marzo de este año, acudieron nada menos que 67.000 personas. Y Kim Hyun Jung, la pintora que lidera la popularización de la pintura coreana hasta el punto de que la llaman el ídolo del mundo del arte, tiene apenas 28 años. Quien ha llevado el arte al mundo en línea y ha convertido la exposición en un espacio de juego divertido ha calado sin duda, con perspicacia, el camino que debe seguir un artista de esta época.
El primer encuentro con la pintora Kim Hyun Jung no fue nada corriente. Estaba claro que es una perfeccionista. Para una sola toma de la entrevista se intercambiaron innumerables ideas, y la pantalla del móvil se llenó de propuestas de peinado, maquillaje y hanbok enviadas por ella. Ya lo intuía al ver su página oficial, con su trayectoria, su actividad artística y sus recortes de prensa minuciosamente ordenados, pero aquella energía volvió a sorprenderme. Esa fue la primera impresión de Kim Hyun Jung: una mujer realmente resuelta. Le pregunté primero por la pintura. Gracias a su estilo propio —pintar primero el cuerpo desnudo de la mujer y después recortar y pegar encima papel hanji teñido para la parte superior del hanbok, conservando esa textura característica, y colorear la falda con tinta hasta volverla transparente—, el cuerpo femenino que se adivina entre los pliegues resultaba sutilmente erótico. Como en los retratos de belleza de Shin Yun-bok. Y el hecho de que la figura lleve un bolso de Chanel y beba café de Starbucks hacía pensar incluso si la autora no estaría mirando a la mujer desde una perspectiva bastante masculina. «Yo creo que pinto cuadros que son como un diario. La vida es el proceso de aceptarse a uno mismo. La mujer del cuadro soy yo. Una mujer normal de hoy que a veces cena un ramyeon que no llega a mil wones pero después se toma un café de más de cinco mil, que le gustan las compras por internet y que se come una hamburguesa usando como mesa las cajas de reparto acumuladas en casa. Tomo como motivo lo que me encuentro viviendo así». Representó transparente el interior de la falda porque quería expresar el naesoong (noción coreana que designa el gesto de ocultar los verdaderos sentimientos tras las apariencias). Ese espacio secreto que tapa la falda amplia: precisamente porque no se ve, cuando llevas hanbok y te duelen las piernas, a veces te sientas con las piernas cruzadas. Pero por fuera la postura seguirá siendo impecable. Para que la gente perciba ese naesoong, coloreó la falda del hanbok de forma transparente. «Hubo críticos que dijeron que en mi pintura hay sexualismo. Pero yo solo quería expresar el naesoong; no había ningún cálculo de añadir sensualidad al cuadro. Al contrario, me gustaría que se fijaran más en la parte superior del hanbok. Tiño el hanji, lo recorto y lo pego. Quería que se pudiera ver con los ojos esa textura crujiente del hanbok. Igual que una misma canción emociona más escuchada en directo en una sala, la pintura también debe tener esa clase de interés y de encanto. Para que se sienta una emoción mayor al ver el cuadro en persona en la galería». Por eso mismo produce figuras con impresión 3D, desarrolla una aplicación de guía y añade dispositivos digitales a las exposiciones, como hologramas: para que la pintura no se quede en la contemplación y se pueda disfrutar de forma divertida. De ahí que todas las exposiciones que organiza sean gratuitas. «Me gustaría que la gente, al ver mis cuadros, sintiera: ‹mirar cuadros es bastante divertido; ¿y si voy también a otras exposiciones?›. Así el propio mercado del arte crecería». Pero ¿por qué autorretratos? La respuesta fue inesperadamente simple: como no había mucha gente dispuesta a acceder a su petición de posar como modelo, acabó pintándose a sí misma con naturalidad. «Que empezara a publicar explicaciones de mis cuadros en el blog también fue casualidad. Quería presentar obras de compañeros a los que aprecio, pero a mucha gente le resultaba incómodo, más de lo que pensaba. Así que me dije: de momento subiré al menos mis propios cuadros. Y quizá porque mis cuadros son fáciles y divertidos, encajaron bien en la lógica de las redes sociales. Eso hizo un gran trabajo de promoción». Añadió que ella hace «social drawing»: aprovechar las plataformas digitales, el tema central de la época, para dar a conocer su pintura y encontrar allí la inspiración de sus obras. Con el cambio de época cambia también la propia forma de producción del arte. «Cuando este año me invitaron al Museo Metropolitano de Nueva York, llevé como obra representativa un cuadro en el que voy en una moto de reparto de McDonald's. Y la gente de allí se quedaba realmente admirada, preguntándome cómo había imaginado un McDelivery. Resulta que el servicio de reparto de McDonald's no existe en el extranjero. Entonces volví a darme cuenta de que, si plasmas nuestra cultura tal como es, eso se convierte en nuestra ventaja competitiva».
Al ver la trayectoria de Kim Hyun Jung, que ha trasladado al blog y a las redes sociales una pintura coreana que parecía difícil y anticuada y que mantiene con astucia el equilibrio entre las bellas artes y el arte comercial, es cierto que hay voces que lo critican como puro poder del marketing. Su segunda titulación en Administración de Empresas, junto con la de pintura oriental, ha contribuido también a los prejuicios sobre ella. «La primera vez que fui a una clase de marketing llegué diez minutos antes y solo quedaban sitios en la última fila. Y eso cuando en Bellas Artes podías llegar diez minutos tarde y sentarte en primera fila. Más que decir que aprendí técnicas de marketing con la Administración de Empresas, sería exacto decir que aprendí una actitud feroz ante la vida. Comprendí que, si quería triunfar como pintora, tenía que pintar hasta morir». Le salieron las cuentas: para tener al menos una obra colgada en las galerías famosas del país y del extranjero y para que los grandes coleccionistas quisieran adquirirla, necesitaba un mínimo de 3.000 obras. Para eso hay que pintar más de un cuadro cada cinco días. De manera natural comprendió también la necesidad de dividir el trabajo: concluyó que la promoción y las demás tareas debían repartirse estrictamente para poder concentrarse en pintar. «Una pintora es como una emprendedora individual. Soy productora, trabajadora y planificadora a la vez. Ya no estamos en una época en la que basta con pintar bien: hay que conseguir que la gente lo vea». Kim Hyun Jung explicó que en el mundo del arte se está produciendo un cambio parecido a la situación actual de la música, en la que un cantante no acude a una discográfica con sus canciones, sino a una agencia. En una cultura expositiva articulada en torno a las galerías empieza a destacar la importancia de la producción: más allá de pintar, transmitirlo bien a la gente es también parte del trabajo de la pintora.
Ante unos cuadros que se parecen tanto a la chispeante pintora veinteañera que es Kim Hyun Jung, sentía curiosidad por saber cómo cambiará su universo artístico. «¿No siente curiosidad por saber cómo será un centro de posparto, o qué paisaje te encuentras cuando llevas a tu hijo a la guardería? Me hace ilusión cumplir años, porque los motivos para pintar serán aún más inagotables. A los cuarenta quiero pintar la vida del ama de casa; a los ochenta, la vanidad de la existencia. Pienso vivir pintando así, sin descanso».