bnt News | Kim Hyun Jung, la pintora que dibuja la risa [entrevista]
En una entrevista en profundidad con bnt, la pintora coreana Kim Hyun Jung habló con amplitud de lo que la llevó al arte, de por qué eligió la técnica del collage con papel hanji, del modo en que bautiza y elige los motivos de la serie «Naesoong», de su filosofía sobre las colaboraciones con empresas y las redes sociales, y de sus planes de exposición y sus metas en la vida. Contó que superó la tristeza a través de la pintura y que quiere hacer obras que provoquen una risa alegre.
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Kim Hyun Jung, la pintora que dibuja la risa [entrevista]
Lee Da-mi
Nos encontramos con la pintora Kim Hyun Jung, que desde lo más coreano crea imágenes sanadoras que acarician el corazón.
P. Preséntese brevemente, por favor.
«Soy Kim Hyun Jung, pintora coreana que retrata las costumbres del siglo XXI».
P. ¿Qué la llevó a empezar en el arte?
«Tengo una hermana tres años mayor. A ella le gustaba el arte y quería entrar en un instituto artístico. Normalmente se empieza a preparar sobre el quinto curso de primaria, pero como yo acompañaba a mi hermana, iba a la academia desde segundo de primaria. Así mi madre solo tenía que recogernos una vez (risas). Así fue como llegué al arte».
P. El tema que unifica su obra es «la reinterpretación satírica y humorística de la condición de la mujer contemporánea». ¿Hay alguna razón para haber elegido ese tema?
«Al principio no me atrevía ni a pensar en la sátira. Empezó como algo modesto, pintando y dándome cuenta de que “vaya, me gustaban estas cosas”. Ahora creo que el tema y los motivos van cambiando poco a poco».
«Cuando viajo a otro país y siento curiosidad por él, lo primero que hago es ir a los museos de arte y de historia. Creo que el fenómeno de medir una época a través de sus obras de arte va a continuar, y yo también quiero pintar cuadros capaces de hablar de este tiempo».
P. Su método de trabajo, tan singular, también llama la atención. ¿Por qué eligió una técnica como el collage con papel hanji?
«Introduje la técnica del collage solo en las partes del hanbok. Para despertar el interés de la gente, la obra tiene que conectar bien con el presente y resultar divertida. Creo que esta manera de hacer también da una sensación kidult, como si se jugara con muñecas. De ese conjunto de ideas salió la elección del collage».
«La otra razón, la más importante, era expresar el tema de Naesoong (noción coreana que designa el gesto de ocultar los verdaderos sentimientos tras las apariencias). Quería plasmar la sensación de un hanbok ligeramente transparente, pero por más que lo pintara no lo conseguía. En cierto momento pensé en probar a pegar papel hanji, lo intenté y me gustó el resultado, así que desde entonces sigo pegando hanji».
P. Con las colaboraciones artísticas con empresas o el uso de las redes sociales, está mostrando una trayectoria poco habitual para una artista. ¿Cuál es el motivo y en qué dirección quiere avanzar?
«Para empezar, creo que la gran barrera del arte es tener que ir a un museo o a una galería para poder sentirlo. Por eso quise que estuviera presente en la vida cotidiana. Las colaboraciones con empresas no las planifiqué: surgieron de forma natural. Los productos de las colaboraciones los hice porque yo misma los deseaba muchísimo. Al fabricarlos, las empresas los vieron y me consultaron sobre su uso, y así se concretaron».
«También quiero seguir con las redes sociales. Estoy en parte de acuerdo con que el arte necesita cierto aire de misterio. Pero, por mi carácter, eso no me sale (risas). Puede que con los años reivindique algo más elitista, pero ahora quiero hacerlo así. También tiene que haber alguien que sea como la pista de principiantes de una estación de esquí, siempre llena de gente».
P. La serie «Naesoong» está subdividida de formas muy diversas. ¿Hay experiencias personales relacionadas con la elección de los temas?
«Hay muchísimas obras en la serie Naesoong. Es como los álbumes de un cantante. Por supuesto, podría poner siempre el mismo título. Al principio lo hacía como Naesoong 1, Naesoong 2, pero me confundía demasiado. Pensé: si soy su madre, ¿por qué no les pongo nombre? Así que, mientras pinto, les doy un apodo o un nombre prenatal. Cuando la obra está terminada, les pongo también su nombre definitivo».
«Cuando empecé la serie pintaba solo escenas de la vida cotidiana real. Más tarde empecé a pintar espacios de afición, como los Juegos Olímpicos o los parques de atracciones. Tenía la idea de apuntar a disciplinas con seguidores muy entregados. Como nací en 1988, oí muchas historias sobre los Juegos Olímpicos de Seúl 88. Si los Juegos son un conjunto de disciplinas que se practican habitualmente en los cinco continentes, pensé en crear unos Juegos propios, y así nació la serie olímpica. Y los parques de atracciones me gustan muchísimo. Hubo una época en que pedí que me compraran el pase anual y iba casi todas las semanas».
«Cuando entré en la segunda mitad de la veintena, todas las personas que me encontraba me preguntaban por el matrimonio. Creo que la gente de hoy evita casarse no por falta de madurez, sino porque cada uno tiene sus propias circunstancias. Así que, con la idea de crear un espacio de diálogo entre generaciones, pinté la obra «La edad de casarse, una bandeja de treinta huevos». Como se ve, tengo muchas obras que parten de mi vida diaria y de mis experiencias».
P. ¿Tiene obras en proyecto?
«La verdad es que, cuando llevaba unos cinco años, calculaba y pensaba mucho. Trabajaba preguntándome qué color de hanbok se vendería mejor (risas). Ahora quiero hacer un trabajo sincero. Me propongo no vivir de forma tan calculadora. Como soy una persona planificadora, estaría bien saber de antemano qué voy a pintar, pero ahora quiero trabajar con honestidad, siguiendo lo que me dicte el corazón».
P. Otro aspecto notable es la moda dentro de sus obras. ¿Tiene alguna prenda o accesorio favorito?
«Con un hanbok, los bolsos de lujo no quedan bien. Por eso, cuando encargo un hanbok, le pido a la maestra del taller que me haga un bolso tipo bokjumeoni con la misma tela de la falda. Y tampoco hay adornos bonitos para el pelo a la venta que combinen con el hanbok, así que me los hago yo. Cuando se lleva hanbok, creo que los accesorios son importantes. Mi accesorio favorito es el adorno para el pelo».
P. ¿Cuál es la obra a la que más cariño tiene?
«Sin duda tengo cariño a las obras de los primeros años. Las que tardaron mucho en terminarse, las de gran tamaño o las que exigieron correcciones continuas. Me vienen a la memoria esos dedos que dolían. “Matrimonio: un mundo de diferencia” es una obra pintada como parodia de “La creación” de Miguel Ángel. Mide unos tres metros. La otra es “Naesoong: Shall We Dance?”, que llega a unos cinco metros; se trabaja uniendo varios paneles y me estresó mucho lo difícil que resultaba hacerlos encajar».
P. Nos gustaría conocer sus planes de exposición.
«Quiero hacer una exposición sin prohibiciones. Cuando hice mi primera individual no sabía cómo se hacía, así que la monté como lo hacían mis mayores, elegante y pulcra. Ahora prefiero una exposición en la que todos podamos jugar. En las salas hay demasiadas cosas prohibidas. Me gustaría hacer una exposición experiencial, como un parque de atracciones, con temas distintos en cada piso para que el público disfrute».
P. ¿Qué tipo de artista quiere ser?
«Todavía no, pero algún día quiero ser una pintora rica. Lo que más me costaba entender era esa frase de que “los artistas pasan hambre”. Cuando éramos pequeños, cantante o pintor no eran profesiones deseadas. Pero hoy, basta mirar a BTS para ver que la posición de los cantantes ha cambiado. De los pintores también se dice que sus obras solo triunfan si mueren pronto, y yo pienso: ¿y si vivimos hasta los cien años? (risas) Quiero ser un ejemplo que rompa esos prejuicios».
P. Si tuviera que definirse en una palabra, ¿cómo es Kim Hyun Jung como persona?
«Si tuviera que definirme en una palabra, diría que soy “la chica Naesoong”. En mi primera exposición individual conversé con una visitante. Me preguntó: “¿Usted es la chica Naesoong?”. Y yo le respondí: “¿Qué dice? Yo soy muy campechana”».
«Las primeras obras de la serie Naesoong retrataban a personas que me habían odiado y me habían hecho daño. Un día llegó el momento de admitirlo: “En realidad, esas actitudes de la serie de la chica Naesoong también están en mí”. Por eso ahora digo yo misma: “Soy la chica Naesoong”».
P. ¿Tiene algún modelo a seguir?
«Admiro a quienes, a pesar de su edad avanzada, siguen haciendo su trabajo con firmeza».
P. ¿Hay algo nuevo a lo que quiera atreverse?
«Existe algo llamado “certificado de copista”. En los países desarrollados lo hay siempre. Por ejemplo, es una acreditación pensada para formar a personas capaces de hacer copias idénticas de obras como “La Mona Lisa”, por si un accidente la destruyera. Ese certificado de copista ya existe también en Corea. No es tanto que quiera ser copista a toda costa, sino que me apetece mucho intentarlo. Me gusta aprender cosas nuevas y lanzarme a retos. Por eso ahora mismo estudio inteligencia artificial varias horas al día. Quiero ser una trabajadora nueva para una era nueva».
P. ¿Tiene un lema?
«“Dar lo mejor de uno mismo”. Es también el lema de mi familia. Me divierte vivir esforzándome en la tarea que tengo delante».
P. ¿Cuál es su objetivo último en la vida?
«Quiero pintar cuadros ante los que la gente diga: “¡Qué gracioso!”. La “serie Naesoong” nació del dolor. Como todas las personas de hoy, yo también viví con una sensación de tristeza. Pero con la pintura mejoré mucho. Por eso dibujo a propósito con un trazo más alegre. Quiero regalar a quienes lo miran una risa luminosa».
«Y otra cosa: quiero contribuir a rebajar el umbral del arte. Vivo con la idea de que ojalá se cree una cultura en la que el arte y la sociedad respiren juntos».
P. Por último, la acompaña el apodo de «ídolo de la pintura coreana». ¿Hay algún otro que le gustaría tener?
«Ese apodo me lo puso la crítica Sun Seung-hye. Como en la música, en el arte también está surgiendo una cultura de fandom; yo tengo 300.000 seguidores y, cuando expongo, vienen muchos a verme. Me lo pusieron porque soy bastante joven, y no creo que haya mejor alternativa. Estoy satisfecha».